Nuestra Historia
...1955
Hubo un tiempo en que el oficio ya no solo crecía… comenzaba a multiplicarse.
A medida que la empresa avanzaba, una nueva generación empezó a tomar su lugar. Fue entonces cuando Waldo, el hijo mayor, se incorporó al trabajo familiar. No llegó como espectador, sino como continuador del legado. Junto a los mismos maestros tipógrafos que daban vida a los timbres, comenzó a explorar nuevas posibilidades.
De esa inquietud nacieron las primeras tarjetas de visita y partes de matrimonio.
Lo que hasta entonces había sido un oficio ligado a lo funcional, empezó a abrirse hacia lo estético, hacia lo personal. Las letras ya no solo marcaban documentos: comenzaban a acompañar momentos, identidades, historias de otros. Y así, el taller se transformó una vez más, ampliando su alcance sin perder su esencia.
Pero el crecimiento trae consigo decisiones.
Con el tiempo, Waldo sintió el impulso de seguir su propio camino. No como ruptura, sino como evolución natural de quien ha aprendido, crecido y está listo para construir algo propio. Fue entonces cuando Don Humberto, con la lucidez que siempre lo caracterizó, tomó una decisión trascendental.
Dividió su obra.
A Waldo le confió la imprenta, permitiéndole proyectar su visión de manera independiente. Mientras tanto, junto a Humberto II y Bruno, decidió concentrarse en la fabricación de timbres de goma, profundizando aún más en el oficio que había dado origen a todo.
No fue una separación cualquiera.
Fue una expansión del legado.
Así, lo que comenzó como un solo taller, se transformó en caminos paralelos que avanzaban con una misma raíz. Cada uno con su identidad, pero unidos por un origen común: el trabajo, la precisión y la voluntad de crear.
Porque en esta historia, cada generación no solo continuó el camino.
Lo reinventó.